Ante la falla de varios semáforos en la avenida de los Aztecas, don Armando, quien vende semillas y cacahuates en el crucero, salió al quite y se puso a dirigir el tráfico.
Con el grito “¡uno y uno!” el señor Armando empezó a liberar el tráfico, mientras el problema es reparado por Control de Tráfico.