Cuando la colonia 16 de Septiembre comenzó a poblarse (hace más de 50 años), sus habitantes enfrentaron un primer gran inconveniente: la falta de agua. Pero no contaban con los veneros que venían de la zona de La Montada y desembocaban en varios sitios de la comunidad.
Con el paso del tiempo, en algunas casas, se construyeron norias de las cuales los vecinos obtenían agua limpia, gracias a los manantiales que ahí nacían. No todos los hogares pudieron hacerse de una noria, pero la solidaridad nunca faltó para ayudar a los que no tenían agua.
Con ella lavaban ropa, trastes, cocinaban y bebían, ya que era limpia y fresca. Con el paso de los años llegó el tiempo de las pipas, que abastecían de agua las casas, hasta la aparición de agua potable.
Hoy, en retrospectiva, se entiende que aquellas norias no solo proporcionaron agua, también alimentaron la esperanza y el sentido de pertenencia de toda una generación que, con mucho esfuerzo, fue construyendo su historia.