Basta en acercarse para entender por qué el trabajo de Diego Valles ha llamado la atención dentro y fuera de México. Sus manos transforman la tierra del desierto en formas, texturas y diseños que parecen imposibles.
Aunque su obra nace de una tradición profundamente arraigada en Chihuahua, sus piezas se alejan de la idea de la cerámica tradicional. Sus formas, patrones y acabados tienen un lenguaje propio, contemporáneo y reconocible a simple vista.
Hay piezas tan finas y detalladas que cuesta creer que fueron hechas sin maquinaria, únicamente con conocimiento, paciencia y años de oficio. Su obra ha viajado a galerías, exposiciones y colecciones de distintas partes del mundo, llevando consigo una tradición que nació en el norte de Chihuahua y que hoy es admirada mucho más allá de nuestras fronteras.
En cada pieza hay algo de esta región: los colores de la tierra, la inmensidad del paisaje y un conocimiento que ha logrado mantenerse vivo generación tras generación.
Diego ha demostrado que una técnica ancestral no tiene que quedarse en el pasado. Sus obras dialogan con la historia, pero también con el arte contemporáneo.
Y pensar que todo comienza con un puñado de barro.