Mientras muchos cambian las cosas cuando dejan de funcionar, Don Pedro Escobar Ponce les da una segunda vida. Conocido como "Ponce" en el barrio, aprendió el oficio de relojero desde los 7 años y hoy suma más de 70 años entre engranes, manecillas y relojes de todas las épocas.
Desde su pequeño local en Libertad y Urrutia, sigue puntual a la cita de lunes a sábado, de 10 de la mañana a 5 de la tarde. Y es que no cualquiera puede decir que ha dedicado toda una vida a reparar el tiempo.