A veces escuchamos más los errores que las historias de esfuerzo. Por eso da gusto ver a jóvenes que, a través de CASA Centro de Asesoría y Promoción Juvenil, están aprendiendo un oficio, ensuciándose las manos para salir adelante y dedicando tiempo a prepararse para el futuro.
Cada pieza reparada, cada herramienta que aprenden a usar y cada día que regresan al taller es un paso más hacia nuevas oportunidades. Mucho respeto para estos chavos que decidieron apostar por ellos mismos.
Ojalá nunca les falten las ganas de aprender ni las personas y espacios que crean en su potencial. Juárez necesita más historias como esta.